Manos de mujer fortalecen la agricultura salvadoreña

María Teresa Serrano

La salvadoreña María Teresa Serrano encontró en la agricultura la forma de tener recursos económicos y poder sostener a su hija. Es madre soltera. También lleva todas las labores domésticas en casa paterna. Confiesa que ser cooperativista le ha dado más independencia en su vida.

Las campesinas se atreven a ser cooperativistas y comprueban que sí pueden pagar sus créditos agrícolas. Esto les da independencia y esperanza de salir de la pobreza en San Francisco Echeverría, Tejutepeque, departamento de Cabañas, El Salvador.

Yudit Emerita Romero (alias Rosalí), de 39 años, y María Teresa Serrano, de 31 años, sonríen machete en mano mientras observan sus parcelas sembradas, los árboles frutales y el gallinero. Ahora se reconocen como agricultoras (aunque toda su vida han trabajado la tierra) y socias de la Asociación Cooperativa de Ahorro y Crédito de Productores de Cuscatlán y Cabañas de Responsabilidad Limitada (ACAPRODUSCA DE R.L.). Ser socias fue una decisión que las convirtió en sujetas de créditos agrícolas, una experiencia bastante novedosa en sus vidas.

Sea domingo o lunes o cualquier día de la semana, el horario de trabajo de Rosalí y María Teresa comienza al amanecer y termina…cuando se convencen que necesitan unas horas de reposo. Tienen alma de guerreras. Lo supieron desde niñas cuando aprendieron a sobrevivir en medio de los cerros que las vieron nacer. En 2012, Rosalí sacó su primer crédito agrícola en ACAPRODUSCA: 300 dólares. En 2016, la cantidad subió a 900.

Buena paga

El dinero provee de los recursos necesarios para cultivar maíz, frijol, maicillo y mantener sus árboles frutales que dan mamones, limones, zapotes, mandarinas, mangos, nances, además de la huerta que produce hermosos racimos de guineos (bananos). En el momento oportuno corta la fruta que es vendida en el mercado por su esposo, Santos David Sibrián. En cambio, las aves del gallinero y los huevos abastecen el consumo del hogar.

“El crédito es anual con un interés del 12% anual. Lo hago en mayo y busco pagarlo de un solo en diciembre. Creo en el dicho popular de cuentas cabales, amistades largas. Y así, el próximo año, me dan un nuevo crédito”, explica Rosalí. “El cambio en mi vida desde que me hice socia de ACAPRODUSCA ha sido grande. Tengo esperanzas, tengo recursos para cultivar mis hortalizas. Los otros bancos te piden garantías de todo. Que la factura de la televisión, de la refrigeradora, la escritura de la casa y sino pago me la quitan”.

Las reglas de ACAPRODUSCA son distintas. Para integrarse a la Cooperativa y verse beneficiada de sus servicios, piden el nombre de un socio o socia que te conozca. En el caso de Rosalí fue su suegra. En consecuencia, el grupo familiar está más fuerte. Fátima, la pequeña hija de tres años de Rosalí, juega alegremente entre las plantas de tomate, ejote, chile y la mata de berenjena. La madre le ofrece un mango que ha caído del árbol, y sin dudarlo comienza a morderlo. Ríe feliz.

Cambia el panorama

“Antes no abonaba bien el cultivo. Tenía que rebuscarme con los vecinos las semillas, pero ahora con la Cooperativa tengo más oportunidades. Tengo el dinero para los insumos, la semilla. Te lo traen a casa”, comenta la agricultora, quien en ese momento saluda a María Teresa, cuyo rostro tiene un suave manto de sudor que los rayos del sol buscan de espejo. Viene de dejar el desayuno a su padre y cuatro hermanos. Lleva levantada desde las cinco de la mañana y simplemente no ha parado: ir al molino, halar agua, cocinar, desyerbar, abonar,…

María Teresa valora que lleva sólo cuatro años de agricultora. “Es duro”, dice al calificar el trabajo diario. “No estaba acostumbrada. Todo el día sacando el frijol, aporriando. Se siente el vapor, el calor”.

-¿Por qué se hizo agricultora?-, preguntamos.

Yudit Romero y María Teresa Serrano

Las agricultoras de San Francisco Echeverría agrandan la fama de su comunidad de ser gente trabajadora y por eso, grandes productores de maíz. Los mercados cercanos se abastecen de la producción de esta tierra.

-Soy madre soltera-, contesta.- Mi hija Rumalda Guadalupe tiene seis años. Voy luchando. Saqué mi primer crédito en 2015. La Cooperativa hizo una reunión en la comunidad. Explicaron el sistema de los préstamos, cómo asociarse. Después llené la petición y solventé los requisitos: presenté el recibo de agua y firmé la letra de cambio que es la garantía judicial de que hay que pagar la jarana.

En especie

María Teresa inició con un crédito de 500 dólares. Al cancelarlo devolvió a la Cooperativa 540. Este año (2016) pidió 600 dólares. “El dinero para hacer el pago sale de la misma producción. De la venta de lo que cultivo”, comenta. Y Rosalí agrega que también pueden pagar con los granos básicos. Y así un saco de maíz lo pueden vender en Ilobasco, una población cercana a San Francisco Echeverría, a 40 dólares; sin embargo, la Cooperativa se los recibe a 42 dólares.

Precios que todo el mundo conoce. Por tanto, Rosalí y María Teresa prefieren seguir haciendo negocios con la Cooperativa que cada vez la ven como un pilar fundamental en sus vidas. “En la fiesta de aniversario de ACAPRODUSCA nos encontramos con los vecinos. Hacemos nuestra asamblea, convivimos”, declara Rosalí.

María Teresa ha notado que en las reuniones la mayoría “somos mujeres. Ser cooperativista me ha hecho feliz”.

En estos momentos, ACAPRODUSCA tiene alrededor de 10 mil socios y socias. El 52% mujeres. Y parece que la cifra seguirá creciendo, ya que están cumpliendo su lema “Solidez financiera a tu servicio” y el dibujo del logo conecta con el ser campesino: Un apretón de manos que provoca que de cada brazo nazca un árbol. En créditos, la cifra anda por los 9 millones de dólares.

Los socios y socias de ACAPRODUSCA son los que no acepta la banca tradicional. Siempre los dejó fuera de su lista de clientes. Es el empleado informal, la mujer que se gana la vida haciendo tortillas de maíz en su comal, la campesina madre soltera como María Teresa o Rosalí, la pequeña agricultora.

ACAPRODUSCA asimismo busca socias estratégicas como Elkarcredit, una asociación sin ánimo de lucro que busca fortalecer las capacidades organizativas y productivas de las comunidades del Sur, entre ellas las de El Salvador. Los recursos económicos que consigue Elkarcredit en el Norte, por ejemplo a través de Putxitos, aportaciones mensuales que hacen personas para que se conviertan en pequeños créditos solidarios en el Sur, permiten dar los créditos a Rosalí y María Teresa.

Enlace a facebook de ACAPRODUSCA

Yudit Romero y su familia

Rosalí (legalmente Yudit Emerita Romero) posa orgullosa frente a su hogar con su hijo Jonathan David, de 7 años, y Fátima, de 3. Si la necesidad aprieta, con la venta de una gallina ya tiene para la azúcar y el aceite. Es una gran defensora del abono natural que ella misma hace en el patio de su casa.

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